Lo que recomiendan los enólogos para disfrutar el vino este invierno

El invierno cambia algunos hábitos cotidianos en torno al vino. Las casas más calefaccionadas, las botellas que se enfrían en terrazas o logias y el lugar donde se conserva un vino abierto pueden influir en la forma en que se perciben sus aromas, frescura y equilibrio.

Sin convertir estas orientaciones en reglas, el equipo enológico de Viña Cono Sur comparte algunas referencias sencillas para disfrutar distintas variedades durante los meses más fríos.

“Cada vino tiene características propias y la temperatura puede ayudar a que se expresen con mayor claridad. La idea no es establecer una única forma de consumirlo, sino entregar referencias para que cada persona encuentre aquella que más disfruta”, explica Matías Ríos, director de Enología de Viña Cono Sur.

1. Revisar qué entendemos por “temperatura ambiente»

Durante años se recomendó tomar el vino a “temperatura ambiente”. Sin embargo, este concepto surgió en hogares europeos cuya temperatura interior se encontraba entre los 16 y los 18 °C, una realidad distinta a la de las viviendas actuales, que durante el invierno pueden superar fácilmente los 22 °C debido a la calefacción.

Cuando un vino se sirve demasiado cálido, el alcohol puede percibirse con mayor intensidad y disminuir su sensación de frescura. En el extremo contrario, una temperatura excesivamente baja puede limitar la expresión de sus aromas, especialmente en variedades delicadas como el Pinot Noir.

Como referencia, los vinos blancos pueden servirse entre 10 y 12 °C; el Pinot Noir, alrededor de los 14 °C; y los vinos tintos, entre 16 y 18 °C.

2. Darle tiempo a una botella demasiado fría

Cuando una botella está muy fría, puede surgir la tentación de acercarla a una estufa, una chimenea o alguna otra fuente de calor para acelerar el proceso.

Aunque parezca una solución práctica, los cambios bruscos de temperatura pueden afectar el equilibrio del vino. Lo recomendable es dejar que la botella alcance gradualmente una temperatura más adecuada dentro de la habitación, sin exponerla directamente al calor,

3. Conservar el vino abierto en el refrigerador

Que las temperaturas exteriores sean bajas no significa que un vino abierto se conservará adecuadamente sobre la mesa o el mesón de la cocina. Una vez abierta la botella, el oxígeno que ingresa comienza a interactuar con el vino y da inicio al proceso de oxidación. Este proceso continúa incluso en invierno y puede acelerarse en espacios calefaccionados, provocando una pérdida progresiva de frescura e intensidad aromática. 

Una vez terminada la comida, la recomendación es volver a tapar la botella y guardarla en posición vertical dentro del refrigerador. Este sencillo hábito ayuda a conservar sus características durante más tiempo, independientemente de si se trata de un blanco, un Pinot Noir o un tinto.

4. Explorar nuevos maridajes durante el invierno

Las preparaciones propias de la temporada también abren espacio para probar combinaciones distintas, sin limitar la mesa de invierno a una sola categoría de vino.

Los blancos con buena acidez y estructura, como Chardonnay, pueden acompañar platos cremosos, pescados grasos y recetas de cocción lenta. El Pinot Noir, en tanto, destaca por su versatilidad y armoniza con preparaciones a base de hongos, aves, pastas, quesos y verduras asadas.

“El invierno es una buena oportunidad para descubrir nuevas combinaciones. Un Chardonnay o un Pinot Noir pueden acompañar naturalmente muchas preparaciones de la temporada. Al final, lo importante es que cada persona encuentre la forma en que más disfruta sus vinos”, concluye Carol Koch, enóloga de Viña Cono Sur.

Con estas recomendaciones, Viña Cono Sur busca acercar el conocimiento enológico de manera simple y práctica, entregando orientaciones que permitan comprender cómo la temperatura y la conservación influyen en las características de cada vino durante el invierno.

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