De los canapés de su madre a liderar una cocina de hotel: la historia de Gabriel Trejo

Antes de dirigir una cocina de hotel, Gabriel Trejo aprendió a preparar canapés junto a su madre. Entre bandejas, cortes precisos y decoraciones para banquetes, comenzó a descubrir un oficio que hasta entonces no figuraba entre sus planes. Quería estudiar Mecánica Automotriz o Veterinaria, pero aquella curiosidad por los sabores y las técnicas terminó llevándolo por un camino completamente distinto.

Lo que comenzó como una ayuda familiar se convirtió, con los años, en una carrera de casi dos décadas en la gastronomía hotelera, un recorrido marcado por largas jornadas, exigencias y aprendizajes que fueron dando forma a su identidad como cocinero. “La carrera es muy pesada, es muy larga”, reconoce al recordar los desafíos de una profesión que, más allá de la creatividad, requiere disciplina, constancia y capacidad de adaptación.

Aunque su trayectoria lo ha llevado a desenvolverse en cocinas profesionales, los sabores de su infancia siguen ocupando un lugar importante en sus preparaciones. Hoy, al frente de The Bistro, recupera recetas tan familiares como la merluza frita con papas mayo o el arroz con leche con manjar, que conviven con nuevas combinaciones en un menú ejecutivo de nueve preparaciones que cambia semanalmente.

Detrás de esa propuesta hay una convicción que ha ido consolidando con la experiencia: la buena cocina no necesita necesariamente elaboraciones complejas. “Considero que los grandes resultados muchas veces nacen de productos bien seleccionados y preparados con precisión, por sobre la complejidad innecesaria”, explica Trejo, quien busca rescatar los sabores reconocibles y darles una nueva mirada sin perder su esencia.

Con los años también ha comprendido que el trabajo de un chef va mucho más allá de lo que ocurre frente a los fogones. La conducción de equipos, la confianza y la capacidad de transmitir conocimientos se han convertido en aspectos tan relevantes como la técnica o la creatividad. “Una cocina exitosa no se construye únicamente a través de buenos platos, sino mediante equipos comprometidos y una visión compartida. Los resultados se alcanzan cuando hay confianza”, sostiene.

Hoy, en una nueva etapa de su carrera, Trejo vuelve de alguna manera a esos primeros aprendizajes junto a su madre, cuando todavía no imaginaba su futuro entre cocinas profesionales. Una historia que comenzó casi por accidente y que, cerca de veinte años después, sigue recordándole que las grandes vocaciones muchas veces nacen de los gestos más cotidianos.

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