El diagnóstico de Cáncer de Mama representa un evento profundamente traumático que desencadena de forma inmediata emociones como miedo, ansiedad, enojo y negación.
Organizaciones especializadas como BreastCancer.org advierten que, si bien estas reacciones iniciales son completamente normales ante la noticia, su persistencia en el tiempo puede derivar en trastornos clínicos severos.
Distrés: el estrés que nos angustia
Entre las principales complicaciones psicológicas se encuentran la depresión, la ansiedad crónica y el estrés postraumático, afecciones que impactan directamente en el bienestar de la persona. Este malestar emocional, técnicamente conocido como distrés psicológico, se convierte en una carga invisible pero devastadora para quienes transitan la enfermedad.
Constanza Echeverría, psicóloga de Grupo Cetep -Ecosistema de Soluciones de Salud Mental y Bienestar con 20 años de experiencia- explica:
“El distrés es un estado de malestar emocional que aparece cuando sentimos que las demandas o situaciones que estamos viviendo superan, al menos por un momento, nuestros recursos o herramientas para afrontarlas.
Puede manifestarse como ansiedad, angustia, irritabilidad, preocupación, dificultad para dormir o sensación de estar sobrepasados. No necesariamente significa que exista un trastorno psicológico; sino que es una señal de que estamos atravesando un alto nivel de estrés que está generando un impacto importante en nuestro bienestar y que quizás necesitamos apoyo para poder manejarlo.”
Este malestar emocional no solo altera la vida cotidiana durante el tratamiento activo de quimioterapia, radioterapia o cirugía, sino que perdura en la etapa de supervivencia.
Publicaciones en la Revista Médica de Chile destacan que el temor a la recaída (fear of cancer recurrence) es la manifestación de distrés más prevalente y persistente en sobrevivientes chilenas, impactando de forma prolongada sus ámbitos laboral, familiar y de pareja.
Más allá de lo anímico
La relevancia de abordar este malestar trasciende el bienestar anímico, pues influye directamente en los índices de supervivencia. La literatura internacional y la evidencia epidemiológica local confirman que la depresión reduce drásticamente la adherencia a tratamientos prolongados, como la hormonoterapia adyuvante con tamoxifeno o inhibidores de la aromatasa.
Constanza Echeverría -psicóloga de Grupo Cetep- señala
“El estado de ánimo puede influir en cómo una persona enfrenta y transita un tratamiento contra el cáncer. La depresión, la ansiedad o un malestar emocional intenso pueden afectar el sueño, el apetito, la energía, la motivación y la capacidad para adherir a los tratamientos y mantener sus rutinas de cuidado. Esto no significa que la persona sea responsable de su enfermedad ni que su estado emocional determine su evolución, sino que cuidar la salud mental también es una parte importante del cuidado integral durante el proceso.”
Ayuda psicológica
Sentirse abrumada es una respuesta normal al diagnóstico de cáncer de mama. Las emociones pueden hacer que las pacientes descuiden su bienestar y más aún, se vuelvan proclives a conductas contraproducentes como empezar a comer mal ingiriendo alimentos de menor valor nutricional, reducir o suspender sus rutinas de ejercicios o ignorar ciclos de insomnio.
«Los psicólogos y otros profesionales de la salud mental con experiencia en el tratamiento del cáncer de mama pueden ser de gran ayuda.“para aprender cómo afrontar los cambios físicos, emocionales y de estilo de vida asociados con el cáncer, así como con los tratamientos médicos que pueden ser dolorosos y traumáticos. Para algunas mujeres, la atención puede centrarse en cómo explicar su enfermedad a sus hijos o cómo lidiar con la respuesta de su pareja a su diagnóstico. Para otras, puede ser en cómo elegir el hospital o el tratamiento médico adecuado. También en cómo controlar el estrés, la ansiedad o la depresión. Y algunas también buscan ayuda para transitar el duelo del cambio de cuerpo que tienen”, finaliza la profesional.

