Las notas pueden seguir bien, pero eso no significa necesariamente que todo esté en orden. Un estudiante que comienza a participar menos, se distancia de sus compañeros, pierde interés en actividades que antes disfrutaba o cambia su comportamiento habitual puede estar mostrando señales que no aparecen en una evaluación.
La dimensión del desafío hace relevante ampliar esa mirada. La cartilla “Comprender y cuidar la salud mental en las comunidades educativas”, publicada por el Ministerio de Educación en 2026, recoge resultados de la Encuesta Longitudinal de Primera Infancia 2024 que muestran que 3 de cada 4 adolescentes presentan algún síntoma de ansiedad y/o depresión, mientras que un 26,5% presenta síntomas moderados o severos. El documento también señala que el bienestar emocional se relaciona con aspectos como la motivación, concentración, aprendizaje, socialización y convivencia.
¿Qué señales pueden pasar inadvertidas?
- Participación: un estudiante que deja de intervenir, hacer preguntas o involucrarse en actividades en las que antes participaba activamente.
- Vínculos: cambios en la manera de relacionarse, distanciamiento de amigos o una tendencia a aislarse durante la jornada escolar.
- Motivación: pérdida de interés por actividades que anteriormente disfrutaba o una menor disposición a participar en experiencias fuera de la sala de clases.
- Comportamiento: cambios sostenidos respecto de su forma habitual de desenvolverse, que pueden expresarse en mayor retraimiento, irritabilidad u otras modificaciones en su conducta cotidiana.
Ninguna de estas señales, por sí sola, permite concluir que un estudiante está atravesando un problema de salud mental. La clave está en observar cambios sostenidos respecto de su comportamiento habitual y generar espacios donde pueda hablar sobre lo que está viviendo.
“No siempre necesitamos esperar a que bajen las notas para darnos cuenta de que algo está pasando. Muchas veces, las primeras señales aparecen antes en cómo un estudiante participa, se relaciona o enfrenta su día a día en el colegio. Observar esos cambios y abrir espacios para conversar también es una forma de cuidar su salud mental”, señala Camila Cornejo, psicóloga y encargada de Salvaguarda del Colegio Pumahue Peñalolén.
Para las comunidades educativas, esto supone no esperar necesariamente a que una dificultad termine afectando el rendimiento académico para prestar atención. El rol del colegio no es diagnosticar, sino observar, escuchar y activar los apoyos correspondientes cuando sea necesario, en coordinación con las familias y los profesionales pertinentes.
Este enfoque cobra especial relevancia este 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental. Para 2026, la Organización Mundial de la Salud escogió como lema “Lived experiences heard: real voices, real change”, poniendo el foco en escuchar las experiencias de quienes viven situaciones relacionadas con la salud mental.
Llevado al contexto escolar, escuchar también significa prestar atención a aquello que no necesariamente aparece en una libreta de notas. Porque un estudiante no siempre avisa que algo está pasando bajando su rendimiento; a veces, la primera señal aparece en cómo participa, se relaciona o vive su día a día.

