Consumo consciente y chocolate negro lideran el nuevo ciclo del negocio global

¿Puede una barra de chocolate anticipar hacia dónde se están moviendo las decisiones de consumo en el mundo? Cada vez hay más señales de que sí. Lo que durante décadas fue una compra asociada al gusto o a la tradición hoy refleja algo más profundo: un consumidor que mira el origen, que exige calidad, que pregunta por el impacto social y ambiental detrás de cada producto.

En ese contexto de mayor sofisticación y exigencia, la industria del chocolate no solo está creciendo, está cambiando. Según el más reciente informe de Global Growth Insights, el mercado alcanzó en 2025 un valor estimado de US$ 148,75 mil millones y las proyecciones indican que podría llegar a US$ 244,15 mil millones hacia 2035, con un crecimiento anual promedio cercano al 5%, una expansión que habla tanto de dinamismo económico como de una transformación estructural en la forma en que se produce y se consume chocolate a nivel global.

Pero las cifras explican solo una parte del fenómeno. Más del 31% de los consumidores en Estados Unidos ya opta por chocolates premium y artesanales, lo que confirma que la calidad y el origen pesan cada vez más en la decisión de compra. A esto se suma el avance de las variantes asociadas a beneficios para la salud, el crecimiento de las propuestas orgánicas y de etiqueta limpia, y el protagonismo del chocolate negro, cuya demanda sigue aumentando a un ritmo sostenido, consolidándolo como uno de los motores de esta nueva etapa. Junto con ello, la tendencia está estrechamente vinculada a la sostenibilidad, pues cerca del 40% de los compradores reconoce que el envase responsable influye directamente en su elección, mientras que más de un tercio busca productos con atributos funcionales adicionales. 

En ese contexto, la estrategia de la marca ecuatoriana Paccari se inserta en una apuesta que privilegia trazabilidad, comercio justo y producción responsable. Para Santiago Peralta, CEO de la compañía, el momento actual obliga a actuar con coherencia. “Hoy en día, las empresas no pueden permitirse no integrar medidas sostenibles en su cadena de producción”, comenta, convencido de que la sostenibilidad cada vez más se está convirtiendo en una condición de competitividad.

Foco en el comercio justo

La expansión internacional de la marca también implicó desafiar una percepción histórica que relegaba a los países productores al rol de exportadores de materia prima. “Demostramos que un producto elaborado íntegramente en Ecuador puede competir en los mercados más exigentes del mundo”, afirma Peralta, destacando que la consolidación en Europa, Asia y América del Norte ha sido resultado de certificaciones, alianzas estratégicas y un control integral del proceso productivo. Asimismo, el ejecutivo releva que en la base de esa propuesta está el trabajo exclusivo con cacao Arriba Nacional y un modelo de comercio directo que involucra a más de 4.000 familias productoras, a quienes se les paga por encima del precio de mercado. 

En esta línea, la compañía aplica principios de agricultura regenerativa y biodinámica, sin pesticidas ni químicos sintéticos, asegurando un producto que destaca por su perfil aromático y, al mismo tiempo, por el impacto positivo que genera en las comunidades de origen. “Cada decisión que tomamos está alineada con nuestros valores y con nuestro propósito de construir una industria del chocolate más justa y sostenible”, enfatiza el ejecutivo, quien explica que la trazabilidad incorporada en los empaques permite conocer el origen del cacao y la historia detrás de cada barra, un elemento que dialoga con esta nueva generación de consumidores que exige transparencia. 

Las proyecciones apuntan a que el mercado seguirá expandiéndose en los próximos años, aunque el verdadero diferencial ya no estará solo en el volumen, sino en la capacidad de responder a una demanda más sofisticada. “El auge del chocolate negro, el crecimiento de las alternativas orgánicas y el avance del segmento premium reflejan una industria que compite cada vez más por autenticidad, impacto y calidad, y menos por precio. En ese escenario, las marcas que integran sostenibilidad desde el origen buscan no solo participar del crecimiento, sino influir en la transformación del sector”, concluye Peralta.

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