En Chile, el infarto ya no responde al perfil clásico de riesgo ni se limita a un grupo específico. Las cifras muestran un aumento sostenido de casos en personas de ambos sexos, muchas de ellas en edad laboral activa, en un contexto marcado por el estrés persistente, el sobrepeso, la hipertensión no controlada y la falta de chequeos preventivos.
Según los registros de Interclínica, en 2025 —comparado con 2024— los ingresos a urgencia por infarto agudo al miocardio aumentaron un 38% en el conjunto del conglomerado. De ellos, el 64,3% correspondió a hombres y el 35,7% a mujeres.
Radiografía del alza
Al analizar la variación anual, los ingresos totales crecieron un 34% en la población femenina y un 41% en la masculina, lo que evidencia que el problema impacta de manera relevante a ambos sexos.
Al desagregar por establecimiento, el alza más pronunciada se registró en San José Interclínica, en Arica, donde los casos casi se triplicaron en comparación con 2024. Le siguieron Los Carrera Interclínica, en Quilpué, con un 55,7%; Tarapacá Interclínica, en Iquique, con un 48,8%; y Cordillera Interclínica, en Santiago, con un 18,8%. En Los Leones Interclínica, en La Calera, no se observó variación.
La mirada por sexo y territorio reveló matices importantes. En Arica, mientras los ingresos por infarto en hombres se duplicaron, en el caso de las mujeres llegó a ser seis veces más. En Iquique, el aumento fue de 80% en mujeres y 38,7% en hombres. En Quilpué, los casos femeninos subieron 21% y los masculinos 80%. En Santiago, el incremento fue de 35% en mujeres y 6,9% en hombres. En La Calera, en tanto, los ingresos disminuyeron 15% en mujeres y aumentaron 6,9% en hombres.
Para la doctora Florencia Segovia, especialista con formación en cardiología de San José Interclínica, las cifras reflejan un fenómeno multifactorial: “Estamos observando más eventos cardiovasculares no solo en personas mayores, sino también en pacientes en edad laboral activa. Influyen el estrés sostenido, el sobrepeso, el mal control de la presión y, en algunos casos, el consumo de sustancias que afectan directamente al sistema cardiovascular”, explica.
Un fenómeno global en expansión
La situación local se enmarca en una tendencia internacional. A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las enfermedades cardiovasculares causan cerca de 20 millones de muertes al año, lo que equivale aproximadamente a un tercio del total de fallecimientos en el mundo.
Asimismo, análisis recientes publicados en la revista médica The Lancet advierten que, si no se fortalecen las estrategias de control de factores como la hipertensión, la obesidad y la diabetes, la carga mundial de enfermedad cardiovascular continuará en aumento durante las próximas décadas, con un impacto especialmente significativo en países de ingresos medios y en poblaciones que envejecen con rapidez.
“Este escenario confirma que no se trata de un problema aislado, sino de un desafío sanitario global vinculado a cambios en los estilos de vida y a la transición demográfica”, sostiene la especialista.
Prevención y reacción oportuna
Frente a este aumento sostenido, la clave está en la prevención activa. “Adoptar una alimentación equilibrada, realizar actividad física regular, evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol, dormir adecuadamente y controlar el estrés son medidas que reducen de manera significativa el riesgo cardiovascular”, describe la doctora Segovia, añadiendo que es importante considerar que el corazón no avisa con anticipación que está en peligro, por lo cual los chequeos preventivos son fundamentales.
Controlar la presión arterial, el colesterol y la glicemia permite detectar a tiempo factores que pueden corregirse antes de que ocurra un evento mayor.
Cómo reconocer y cuándo consultar
Aunque la prevención es fundamental, ningún factor de riesgo desaparece por completo. Por eso, además de adoptar hábitos saludables y realizar controles periódicos, es clave saber cómo actuar frente a una eventual emergencia.
Durante años, el infarto fue asociado principalmente a hombres mayores con antecedentes cardíacos. Hoy, sin embargo, el perfil es más amplio y diverso, lo que hace aún más relevante que las personas sepan identificar las señales de alerta y actuar con rapidez.
“El principal problema es que muchos pacientes no reconocen los síntomas o los atribuyen a otras causas, como el estrés o problemas digestivos, y esa demora en consultar puede tener consecuencias importantes”, explica la doctora Priscila Cepeda, especialista con formación en Medicina Interna de Tarapacá Interclínica.
Si bien el dolor torácico intenso es el signo más conocido, el infarto no siempre se presenta de manera clásica. “Puede manifestarse como presión u opresión en el pecho, falta de aire, náuseas, sudoración fría, dolor que se irradia al cuello, la mandíbula o la espalda, e incluso como una fatiga inusual y repentina”, describe la doctora Cepeda.
En las mujeres, los síntomas atípicos son más frecuentes, lo que puede retrasar la consulta.
“Si las señales aparecen de forma súbita o se intensifican en pocos minutos, se debe acudir de inmediato a un servicio de urgencia. En el caso del infarto, el tiempo es determinante”, sostiene la especialista, enfatizando que una atención precoz, en un centro especializado, puede reducir el daño al músculo cardíaco y mejorar significativamente el pronóstico del paciente.

